ser_buen_padre

En Sens hemos sido consultados por la revista Diez Minutos como expertos en salud mental, para pensar sobre un tema muy interesante y fundamental ¿Qué significa ser buen padre y cómo no caer en mitos?

Diana tachón, psicóloga y psicoterapeuta de nuestro equipo nos da algunos consejos acerca de cómo establecer vínculos fuertes y saludables con los hijos: 

El vínculo con los hijos se empieza a construir desde el momento de la concepción. Los padres fantasean o imaginan cómo será el bebé: “¿a quién se va a parecer?” “¿qué nombre tendrá?”; interpretan sus movimientos en el vientre: “está alegre: hoy se ha movido mucho”; le hablan, cantan y acarician el vientre como si se tratase de la propia piel del bebé. 

Después del nacimiento, el vínculo se continúa construyendo a través de los cuidados, de la alimentación y de la propia relación emocional que se va estableciendo con el niño. Todo esto, como afirmaba el psicoanalista inglés Donald Winnicott, generará un sostén adecuado sobre el que se asentarán las bases de la personalidad. 

Estas son algunas prácticas que pueden ayudar a establecer vínculos fuertes y saludables con los hijos: 

Dedicarles tiempo:

Busque un espacio de calidad durante el día en el que pueda estar disponible para ellos, sin prisas o sin otras actividades que interfieran o interrumpan la conexión con ellos. 

Escuche lo que tienen que decir y no desestime sus opiniones o pensamientos:

Hágales ver que está disponible para tener una conversación. Aproveche estos momentos para orientarlos, haciéndoles sentir que se puede hacer algo útil con lo que le están expresando. 

Juegue con sus niños:

El juego es una actividad que permite obtener informaciones valiosas sobre los hijos, conocer sus intereses, sus fantasías e incluso enterarse de situaciones que puedan generarles angustia. Como apuntaba la psicoanalista Melani Klein, el juego es el medio que usa el niño para expresar lo que el adulto manifiesta predominantemente por la palabra. 

Establezca rutinas y actividades en las que participen todos los miembros de la unidad familiar:

Integrarlos en las actividades de la cotidianidad. 

Hable con ellos, hágales conocedores de las decisiones o situaciones que se generan en el entorno familiar:

Si es necesario, exprésale sus emociones: “me he sentido muy cansada en los últimos días”, “estamos muy felices por el nacimiento de tu primo”, “papá está triste porque se ha muerto la abuela”. 

Celebre junto a ellos sus éxitos y avances.

Establezca normas y límites:

Esto también es una parte importante dentro del vínculo: mantenga normas claras y determine consecuencias lógicas si no se cumplen. 

 

¿Cómo crear una relación de confianza con los hijos desde la infancia? ¿Qué errores se cometen con más frecuencia?

Es importante mantener una comunicación fluida con los hijos desde que éstos son pequeños; si esto no se construye -desde las etapas tempranas- no se puede esperar que, una vez llegada la adolescencia, cuenten a los padres lo que les ocurre. Es necesario crear, dentro de la familia, un entorno de seguridad y respeto a las diferencias, en la que los niños sientan que pueden expresar libremente lo que piensan o sienten, que van a ser entendidos por sus padres, aunque éstos puedan no estar de acuerdo con algunas cosas. Se le debe hacer sentir a los hijos que, incluso en los momentos más difíciles, contarán con un apoyo incondicional y que como familia encontrarán las herramientas para enfrentar de forma sana las circunstancias adversas. 

En la clínica, con niños y adolescentes, muchas veces observamos la dificultad de estos para comunicarse con sus padres, pues sienten que no van a ser entendidos o que, al contar lo que les ocurre, se generará un conflicto familiar que empeorará aún más la situación. Éste suele ser uno de los errores más comunes de los padres. El no lograr metabolizar adecuadamente la información que dan los hijos, puede terminar generando un desborde emocional que entorpecerá el acompañamiento que ellos necesitan. También se observa, con frecuencia, la dificultad de algunos padres para tolerar las individualidades de los hijos y el hecho de que -en ocasiones- tomen decisiones o caminos diferentes a los deseados por los padres. Estas dinámicas generan una brecha significativa entre padres e hijos: la figura de los padres se percibe como autoritaria, distante y poco confiable, lo que debilita el vínculo. Los hijos necesitan unos padres disponibles, cercanos, que tomen en serio lo que tienen que decir y que les ayuden a gestionar aquello que puede ser complejo, dándoles herramientas y fortalezas necesarias para superar las dificultades propias del proceso de crecimiento. 

 

 

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