Poner límites sanos ayuda a conseguir la calma

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Que la sociedad actual esté angustiada no hay quién lo niegue. Y el repertorio de síntomas que colman actualmente los titulares en los medios de comunicación da cuenta de ello.

Sin embargo, los modos de intervención sobre la angustia son muy distintos aunque el público en general los pueda confundir y no todos llevan a la calma. Con fines didácticos y explicativos (¡y únicamente dentro de este post!) marcaremos diferencias que nos sirvan para pensar en 3 conceptos: relajación, tranquilidad y calma. 

1. Relajación: Hay gente que necesita hacer ejercicios de relajación a menudo. Son rápidos y efectivos en la gran mayoría de casos. Hay quien, incluso, opta por ellos todas las noches para poder conciliar el sueño.

2. Tranquilidad: se lograría con aquellas sustancias químicas tranquilizantes (legales e ilegales) que se encuentran presentes en diversas sustancias de forma natural o bien se han sintetizado en laboratorio. 

3. Calma: que ya no surge de una intervención biológica o química sobre el cuerpo (como en las anteriores) sino de una disposición de la subjetividad, es decir, de los límites que cada quien establece en su vida frente a los demás.

Supongamos un caso hipotético que podríamos atender en nuestra centro de atención psicológica de SENS Majadahonda: una persona que tiene problemas (por ejemplo con su familia o en su trabajo), lo que provoca que cada vez que tenga que enfrentarse a la situación angustiante vaya con desagrado e inquietud. 

Quizá, esta persona deduzca que, como se pone nervioso/a, lo que necesita es relajarse. Y así emprende el largo (y repetitivo) camino de hacer ejercicios de relajación: controla conscientemente su respiración mientras se dirige al sitio en cuestión, intenta que las palabras de los otros no le afecten demasiado, se propone pensar antes de actuar, cuenta hasta diez antes de responder, se promete que cuando termine esa situación hará algo que le resulte gratificante… Pero lo cierto es que termina angustiado/a siempre. Y la prueba de que sus esfuerzos no son la solución está en que todos los días necesita llevar a cabo las mismas estrategias pero los beneficios no se acumulan en forma de avance. Mientras está con sus ejercicios relajantes está bien, pero al terminarlos, el mundo sigue igual que antes. Su alivio, tan pronto como viene, se va.

Esta persona hipotética podría optar entonces por una medicación o una droga que le ayudase en el día a día. Pero cuando se pasan los efectos del sedante… vuelve a lo mismo.

No podrá salir de esta inercia automática a no ser que el cambio sea de otra naturaleza. Mientras no pueda poner límites a las personas que le invaden para evitar innumerables situaciones desaforadas que se presentan en su vida ni pueda romper esa dinámica repetitiva, no llegará a calmarse verdaderamente. 

En Sens Majadahonda, atendemos a gente que sufre por no saber actuar adecuadamente en un momento dado, que no puede poner límites para su auto cuidado y no dejarse hacer daño y, es mas, que se sentiría culpable si lo consiguiera. Los propios conflictos nublan el pensamiento y no dejan ver el camino por el que empezar.  

En SENS analizamos cada conflicto en detalle y acompañamos en el proceso de cambio. De este modo, cuando alguien se posiciona subjetivamente de un modo distinto frente al mundo, todo cambia para esa persona y, con ello, la repetición se acaba. 

Eso sí, no todos los límites que uno trae consigo son necesariamente sanos porque pueden estar mal constituidos y provocar el efecto adverso. De ser así, deben ser removidos en el proceso de terapia para reubicarlos bien. 

Los límites sanos y bien establecidos calman a los niños, a los adolescentes y a los adultos, no existe ninguna contraindicación para ellos y son una garantía de salud mental. Si tienes dificultades para poner límites y crees que esto es lo que te está generando angustia, en Sens Majadahonda podemos ayudarte. 

 

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