Caricias y abrazos: ¿por qué son tan importantes para el bebé?

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Colaboración en Ser Padres

Hoy compartimos una reseña del artículo Caricias y abrazos: ¿por qué son tan importantes para el bebé? publicado en la revista Ser Padres, en el que nos han invitado a conversar sobre las necesidades afectivas de los bebés y niños pequeños.

Allí Patricia Pizzolante, nuestra psicóloga y psicoterapeuta describe cómo los seres humanos nacemos con la necesidad de establecer vínculos afectivos, necesitamos de los otros para nuestra sobrevivencia, para satisfacer nuestras necesidades básicas como son la alimentación o el calor. Por ello, llamamos la atención de quienes nos rodean buscando el contacto físico, el amor y el cuidado. 

“Dentro del útero el bebé ha estado contenido, sostenido en todo momento y al nacer pierde este sostén natural y lo encuentra nuevamente en los brazos y las caricias de su madre o de su padre (…) tener al bebé en brazos y acariciarlo, es también la forma que tenemos para comunicamos con el bebé. La comunicación madre-bebé se establece a partir del encuentro cuerpo a cuerpo. El contacto físico es comunicación (…)”

Así, vemos como el contacto físico no sólo satisface necesidades básicas del bebé, sino que también es la manera en que nos comunicamos con él, la forma en que empieza a entender y conocer el mundo que le rodea. 

Nos preguntaron entonces ¿Cómo influye el contacto físico en el desarrollo del bebé? a lo que respondimos: 

El contacto físico juega un papel inicialmente sobre el desarrollo físico, ya que favorece la regulación de la temperatura y del ritmo de su respiración, además de facilitar la aparición de reflejos como el de succión y en consecuencia la instalación de la lactancia materna. Este contacto suave también ayuda a relajar la tensión que se va acumulando en el cuerpo del bebé.

El contacto es fundamental para el desarrollo psicológico del niño: “favorece el establecimiento del vínculo de apego mamá-bebé, o en el caso de que la madre esté ausente, el contacto físico facilita que este vínculo tan importante se establezca con otro cuidador. El bebé siente placer, satisfacción, al estar en contacto con el cuerpo materno o con otro cuidador. se favorece el desarrollo de un sentimiento de confianza básica, que le permitirá más adelante separarse de su madre y ser capaz de tolerar esa separación. Es esa confianza la que le permite alejarse, explorar y conocer el mundo que le rodea”. Pero es que además, no se trata solo del desarrollo afectivo, sino también del desarrollo intelectual, del pensamiento y de la capacidad para comunicarse. Esto se debe a que la capacidad para separarse y tolerar la ausencia del otro es lo que permite que el bebé pueda desarrollar su capacidad simbólica, aquella que nos permite pensar, imaginar, reflexionar, conceptualizar y comunicar.

También nos preguntaron sobre los traumas que podría tener un adulto que no ha recibido suficiente contacto físico ni cariño. Ante esta pregunta enumeramos algunos aspectos que consideramos importante evaluar: 

  • Puede observarse consecuencias o repercusiones sobre el autoestima, ya que el niño que no ha visto sus necesidades afectivas satisfechas puede sentirse incapaz de lograr el amor de otros o incluso sentirse no merecedor del mismo. 
  • Se interfiere el desarrollo del sentimiento de seguridad, necesario para atreverse a separarse y conocer el mundo porque sabe que cuando lo necesite podrá regresar a los brazos de su cuidador.
  • Podemos encontrar problemas de confianza o dificultades en el establecimiento de vínculos de apego o vínculos afectivos en la adultez
  • Se corre el riesgo de que el futuro adulto termine desconociendo sus necesidades afectivas y deje a un lado la expresión y el reconocimiento de su mundo emocional. 

Finalmente, nos dejan con la frase No le cojas en brazos que se acostumbra, a lo que respondimos que es cierto que el bebé necesita desarrollar la capacidad para calmarse a sí mismo, pero para ello primero necesita ser calmado, necesita desarrollar la confianza en quienes lo rodean y en sí mismo, necesita creer que el mundo es un lugar seguro en el que estar y que merece ser cuidado y querido. (…) El bebé no se acostumbra a recibir afecto, el bebé NECESITA de este afecto para tener un desarrollo sano, tanto físico como psíquico. Más peligroso que acostumbrarse a los brazos -si aquello existiese- sería que los bebés o niños se acostumbren a no necesitar esos brazos que le dan afecto, calor, seguridad y protección. Que se acostumbren a renunciar a estas necesidades. Eso significaría que estos niños se han rendido ante una demanda no satisfecha, dejando muchas veces de reconocer esta necesidad en sí mismos, satisfaciendo de las maneras menos adecuadas o sanas la misma, y/o entorpeciendo el establecimiento de una relación de apego segura del bebé con su cuidador”.

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