Solemos asociar los cuentos infantiles con las habilidades de refuerzo en lectoescritura. Aunque es cierto que son un recurso muy útil para acompañar el aprendizaje escolar en los/as niños/as, los cuentos también funcionan muy bien para ofrecer recursos alternativos y ayudar a comprender algo del mundo interno y del que les rodea.
Los cuentos son objetos muy cercanos para la infancia, son de uso intuitivo, fácil acceso y ofrecen asistencia para nombrar, imaginar, describir, interrogar y transformar, además, al estar al alcance pueden acudir a ellos cuando y cuantas veces lo necesiten, pues ofrecen un espacio seguro que permite un puente entre el mundo externo y el mundo interno del/a niño/a.
¿Cómo expresamos lo que nos enfada?
- ¿Por qué a veces explotamos?
- ¿Para qué sirve la rabia?
- ¿Cómo creemos que se ve la furia?
- ¿Qué hacemos con la ira?
La rabia es una emoción universal, todos/as sentimos rabia, aunque no todos/as la experimentamos ni respondemos a ella del mismo modo. Singularizar las formas de experimentar y expresar esta emoción en cada niño/a es fundamental para acceder a su emocionalidad y ayudarles a gestionarla.
Como toda emoción, cumple alguna función que tendremos que escuchar y alojar con cuidado y respeto, puede tratarse de una forma de protegerse contra algo que se percibe como doloroso, injusto o amenazante y que requiere así de una atención que dé cuenta de esto. Su manifestación también será diversa en forma e intensidad, desde una expresión verbal más contenida, hasta una explosión o rabieta de mayor magnitud, todas ellas tendrán algo que decir sobre lo que atraviesa el/la menor.
Los cuentos nos ayudan a explorar, entender, experimentar, crear, cuestionar y elaborar, por lo que también podemos acercarnos a la rabia a través de ellos. Dentro del universo cuento, los álbumes ilustrados abren un camino muy interesante y divertido para dialogar con diferentes miradas, en un lenguaje que permite el despliegue de la fantasía, la reflexión y la emergencia de códigos propios para que el/la niño/a pueda utilizar ilustraciones y palabras para reconocer o desafiar aquello que parece que piensan, sienten y hacen los personajes.
Lo ideal será contar con un repertorio amplio de cuentos con los que el/la niño/a pueda jugar y a los que pueda recurrir para elaborar situaciones diversas cuando así lo requieran.
Para entender la ira o la rabia, podemos ofrecer diferentes miradas con cuentos que jueguen con las situaciones que desencadenan respuestas y transformaciones.
Algunas ideas:
- Fernando furioso | Hiawyn Oram y Satoshi Kitamura
- Donde viven los monstruos | Maurice Sendak
- ¡Soy un dragón! | Thierry Robberecht y Philippe Goossens
- Vaya rabieta | Mireille d’Allancé
- ¡Más te vale, mastodonte! | Micaela Chirif e Issa Watanabe
- El rebaño | Margarita del Mazo y Guridi
Todas estas recomendaciones son +3 años, pero ¡no significa que sean solo para niños/as pequeños/as! Todos estos cuentos tienen varios niveles de lectura con los que abrir un diálogo muy enriquecedor, por tanto, la complejidad de las reflexiones y la profundidad de los cuestionamientos, responderán luego a la edad y nivel de comprensión del/la niño/a.
Los cuentos son entonces una herramienta muy dinámica que se adapta y crece con el/la menor, pudiendo acompañar las formas distintas en que se viven y experimentan las emociones y sentimientos.

