Padres autoritarios: De niños obedientes a jóvenes inseguros

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Día tras día encontramos en las redes sociales, en blogs y revistas digitales discusiones en relación a la forma en que criamos a nuestros hijos. Desde aquí muchas veces hemos hablado sobre el porqué de los límites, sobre su importante función en el desarrollo de los niños. Hoy hemos decidido hablar sobre el exceso de límites, incluso iremos un poco más allá para hablar sobre los efectos que tiene sobre los niños adoptar un estilo autoritario de crianza.

Durante muchísimos años los padres asumían un modelo autoritario desde el cual educaban y guiaban a sus hijos en su desarrollo. Muchos de nuestros padres y abuelos fueron criados de esta manera, eran sus padres los únicos con voz en la familia, quienes indicaban qué y cómo debía hacerse cada cosa. Los padres establecían reglas en relación a la forma de comportarse, de pensar e incluso de sentir. Los niños se convertían casi en objetos a moldear y no en individuos diferentes a nosotros, que tienen algo que aportar y que son capaces de comunicar lo que piensan, sienten y quieren.

Mucho tiempo después y habiendo experimentado un importante cambio en la dirección del estilo de crianza, hay quienes aún defienden una crianza autoritaria. Aseguran que así fueron bien educados, así se hicieron personas fuertes y supieron tirar hacia adelante. Antes de continuar, debemos aclarar que este estilo suele basarse en la presencia de reglas y normas para casi todo, acompañadas de fuertes y constantes reclamos, amenazas y castigos.

¿Qué es lo que nos preocupa de esta manera de criar? ¿Qué observamos en niños y niñas que son criados bajo un modelo autoritario? ¿cómo se construyen como personas?

  •       Los niños que han sido criados en ambientes autoritarios se muestran inseguros y ansiosos, al no tener las reglas y controles de los padres no saben cómo actuar ante las situaciones que se les presentan. Se muestran muy angustiados cuando hacen cosas que no coinciden con lo que sus padres desean, por esto les resulta muy difícil desarrollar un discurso y deseos propios. Son los padres quienes marcan la pauta en todo lo que hacen o piensan, así que a medida que van creciendo y el exterior les obliga a tomar decisiones se sienten agobiados y con mucho temor.
  •       Este estilo de crianza no fomenta la autonomía, ni la capacidad de elegir según deseos y criterios propios, en su lugar aplaude la obediencia y el “no dar problemas”. Son niños usualmente dependientes que no se sienten capaces, y que demandan mucha atención de quienes los rodean.
  •       No se fomenta la comunicación entre padres e hijos, el intercambio o diálogo entre ambas partes es muy pobre. Los niños no se sienten escuchados, lo que tiene como consecuencia que, más adelante – especialmente durante la adolescencia – mientan o escondan cosas a sus padres, o no se sientan en confianza para contarles lo que les sucede. Este modelo basado en la amenaza produce miedo, por lo que los chicos evitan exponerse a esa amenaza escondiendo de sus padres lo que consideren necesario.
  •       Esperar y pretender que el niño actúe siempre a partir de lo que el padre o la madre desean y de sus necesidades, hace que resulte difícil para el niño reconocer sus propias necesidades y aprender a expresarlas. Además, es frecuente que aparezcan importantes sentimientos de culpa por fallar o no cumplir lo que esperan sus padres de ellos.
  •       Muchos de estos niños crecen con mucha rabia hacia sus padres, una rabia que ha sido reprimida a lo largo de su vida. Pero, al mismo tiempo les genera miedo sentir esta rabia hacia sus padres por las represalias que pudiesen tener. Cuando esta rabia finalmente se manifiesta, suele tornarse en agresividad, en estallidos muy intensos. El enfrentamiento que ocurre durante la adolescencia entre chicos y padres suele ser mucho más intenso cuando los padres han sido autoritarios.

La opción frente a este estilo autoritario no es una crianza permisiva, donde los límites no existan y el niño corra el riesgo de sentirse abandonado o en peligro por no conocer los límites dentro de los que se supone estará seguro. La opción en la que creemos es una crianza con límites, en la que el niño siempre es considerado como una persona que hay que escuchar y respetar, que irá poco a poco desarrollando su propia forma de ser. Los límites son fundamentales porque permiten que el niño tenga un desarrollo sano, pueda conocer sus deseos y necesidades, y desenvolverse en la sociedad. Los límites transmiten al niño que dentro del marco de acción que han delimitado sus padres estará bien y seguro. Pero, aunque es importante ser firmes en su cumplimiento, no podemos olvidar que deben ser trasmitidos desde el respeto, el cariño y sin dejar de un lado la edad que tiene el niño y su nivel de desarrollo.

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