¿Quién soy yo después de emigrar?

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¿Emigraste y has tenido la sensación de que no eres tú mismo? ¿Has cambiado pero no tienes muy claro en qué? Sabemos que la migración implica muchos cambios evidentes y se pierden muchas cosas: el entorno conocido, la familia, los amigos, entre otras. Pero, ¿te has parado a pensar en cómo han impactado estos cambios en tu forma de ser y lo que eres como persona?

Con frecuencia escucho en consulta personas que sienten que antes de emigrar eran de una forma y ahora son de otra. En ocasiones me plantean que les cuesta reconocerse, ver la persona que son ahora y entender el por qué de esos cambios. Sienten que no responden de la misma manera a las situaciones, ni las viven de la misma forma. ¿Dónde quedó esa persona que eran? ¿Has sentido algo parecido luego de tu migración?

¿Quién soy yo?

La respuesta a esta difícil pregunta será distinta después de una migración. Esto se debe a que una de las cosas que cambia con este proceso será tu propia identidad. En la vida seguro has experimentado infinidad de cambios, sin embargo, a pesar de ellos mantienes algo fijo en tu interior que te permite seguir sintiéndote tú mismo. Esto es lo que conocemos como identidad. Ahora bien, hay situaciones donde los cambios son tan fuertes que pueden generar un quiebre en este sentimiento, una de ellas puede ser la migración, debido a la cantidad de cambios, pérdidas y movilizaciones que implica.

Lo que se deja atrás

La identidad se moviliza debido a que la mayoría de las cosas que definen a una persona se construyeron en su país de orígen y al dejarlo puede sentir que partes de sí mismo quedaron en ese lugar, partes que lo hacían ser quien era. La historia de cada persona se ha tejido dentro de ese contexto particular y es parte de lo que lo constituye. Al emigrar se deja atrás dos cosas fundamentales: los grupos de referencia y los roles conocidos.

Pensémoslo de esta manera, tú cultura, los grupos a los que pertenecías, así como los diferentes roles que ejercías, hacían parte de quien tu eras en ese lugar. Todo esto funcionaba casi sin darte cuenta como una figura que te sontenía y a la vez te decía quién eras.

Muchas personas al emigrar se ven forzadas a renunciar, al menos de manera temporal, a algunas cosas de sí mismo para poder integrarse, y es normal que ante esto puedan sentir temor y ansiedad ante la posibilidad de perder aquello que los definía y dejar de ser quienes eran.

La experiencia de migrar requerirá que construyas una nueva identidad, una que integre cosas de tu lugar de origen pero también del nuevo lugar. No serás la misma persona después de haber hecho frente a todos los cambios y vivencias que implica emigrar. Probablemente haya partes del camino que resulten muy difíciles. Sin embargo, puede ser una oportunidad para reinventarte, construir una identidad enriquecida por las experiencias y ahora las vivencias de dos culturas diferentes. Claro, esto puede ser uno de los retos más grandes a lo largo del proceso migratorio.

¿Qué hacer? Aquí te dejo algunas ideas.

  • Si emigraste lo más importante es darte un tiempo para adaptarte a la nueva situación. Poco a poco irás conociendo los códigos y la forma de funcionar en el nuevo lugar. Entender estos nuevos códigos te abrirá la posibilidad de vincularte a personas del nuevo lugar y empezar a construir una vida en ese lugar.
  • Construye redes de apoyo. Al principio será importante acercarte a personas que actúen como puente con el nuevo lugar, así como que te puedan acompañar en este proceso que vives.
  • Conserva y mantén el contacto con tus personas más significativas. Si bien es necesario el poder construir vínculos con el nuevo lugar. Es fundamental que preserves la relación con tus seres queridos. Para esto necesitarán buscar nuevas formas de relacionarse y comunicarse, sin embargo, cuidar estos lazos te dará sensación de continuidad y te ayudará a sentir que no se ha perdido el vínculo sino que ha sucedido un cambio en la forma de relacionarnos.
  • Cuida el vínculo con tu lugar de origen. Puedes buscar compaginar tradiciones de tu lugar de origen con las tradiciones del nuevo lugar. Intenta buscar un equilibrio entre ellos, que te haga sentir a gusto. Puedes también, intentar incluir en tu nueva rutina, alguna tarea o actividad que solías hacer antes de mudarte.

Las afectos que dejaste en tu lugar de origen no se han perdido, estos son parte de ti y pueden formar parte de tu nueva vida. Poco a poco irás integrando las nuevas experiencias, los nuevos roles, así como los nuevos afectos, a todo lo que anteriormente te constituía. Ambas formarán parte de esa nueva identidad que está en construcción.

 

En este Link puedes conocer Raíces, nuestro programa de apoyo al proceso migratorio. 

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