Una nueva relación, una oportunidad para cambiar

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Desde pequeños, aprendemos a relacionarnos con los demás a partir de lo que vemos en nuestros padres, abuelos y seres queridos. Sin darnos cuenta, asumimos lo que nos dicen y enseñan sobre cómo vincularnos con quienes nos rodean. Esta herencia familiar tiene influencia en muchas de nuestras relaciones y se hace presente en diferentes momentos a lo largo de nuestra vida.

Frases y afirmaciones tan diferentes como “los amigos son lo más valioso que tienes”, “debes desconfiar de la gente”, “no olvides decirle al otro cuánto le quieres” o “amar es peligroso” nos son repetidas con insistencia y se convierten en arraigados lemas de vida. Sobre este guión invisible de respuestas, afirmaciones y recordatorios, que conforma nuestra herencia familia, se va confeccionando nuestro tejido afectivo y se va definiendo nuestra forma de relacionarnos.

Pero, ¿podemos evitar que estas “verdades heredadas” determinen nuestra manera de relacionarnos con los demás?

Nuestras relaciones con los demás no sólo se basan en lo que aprendemos desde pequeños al ver a nuestros seres queridos, sino también en las nuevas relaciones que vamos construyendo. Cada relación que establecemos, es un hilo que se entrelaza a un tejido que se empezó a tejer desde el momento en que nacimos.

Cuando alguien se vuelve importante para nosotros se resignifica nuestro tejido afectivo, y son estas nuevas experiencias las que nos brindan la posibilidad de cambio.

Cada relación tiene la posibilidad de dar un nuevo significado a las formas de relacionarse de nuestros antepasados, así como a las formas en que nosotros mismos nos hemos relacionado previamente.

María es una joven que ha mantenido una relación caracterizada por el trato irrespetuoso de su pareja. Esta situación la lleva a entender las relaciones de pareja como un espacio de maltrato y sufrimiento, lo cual confirma un lema de vida compartido en su familia: “amar es peligroso”. Años después, cuando establece una nueva relación de pareja donde es tratada con respeto y existe confianza entre ambos, María reinterpreta la experiencia previa y le da un nuevo significado. Así “desconfirma” la expectativa heredada y amplía su comprensión de lo que son las relaciones de pareja.

Conocer y ser conscientes de nuestra herencia familiar, así como reflexionar sobre las relaciones afectivas que hemos establecido, es fundamental para poder mejorar la forma de relacionarnos con los demás y para evitar que algunas conductas no deseadas se repitan de generación en generación.

El patrón inicial que ha guiado la composición de nuestro tejido afectivo puede cambiar, abriendo así la posibilidad de relacionarnos de una forma diferente y más sana.

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